Una niña o un niño no es una calificación, puntuación, nivel o nota. De igual forma su habilidad o potencial no es fijo, y no puede ser siempre medido.
Sin embargo, muchos sistemas educativos parecen existir con el único objetivo de prepararles para exámenes.
Al acercarse el final de la educación secundaria es necesaria información sobre los logros de los estudiantes. Padres y madres, universidades, empleadores y gobiernos, entre otros, requieren saber los logros del estudiante. En la mayoría de los casos esta información se comparte mediante exámenes y calificaciones, aunque en los últimos años también han ganado relevancia las tareas o trabajos individuales, entre otros, como medidas de éxito.
En la educación primaria las pruebas y exámenes son comunes, ¿pero realmente son necesarios? ¿Pueden tener un efecto negativo sobre la educación de nuestros hijos e hijas? En vez de fijarnos en notas y exámenes, ¿no deberíamos centrarnos en lo que han aprendido, cómo pueden usarlo en el futuro y cómo enlaza con el resto del temario?
Los exámenes son pruebas que separan las asignaturas. Sin embargo, ¿cómo se premia, mediante el uso de exámenes, el uso de lo aprendido en matemáticas en un proyecto de diseño y tecnología? ¿Cómo se evalúa que se usen las habilidades informáticas para crear una presentación para un poema compuesto en la clase de lengua?
En realidad un examen solo mide el rendimiento del estudiante en un determinado momento, y solamente algunos aspectos del aprendizaje pueden ser evaluados de esta forma. Los exámenes presentan una visión muy limitada del desarrollo del alumno o la alumna, y ninguna prueba de este tipo puede revelar cómo ha internalizado los conocimientos o habilidades adquiridos, o cómo aplicarlos. Además, sobra decir que la calidad de elaboración del examen por parte del profesorado, las condiciones del día y la ansiedad son factores que pueden afectar al resultado.
En el colegio Saint Andrew’s no “entrenamos” a nuestros estudiantes para aprobar exámenes. Les animamos a que hagan lo mejor que puedan cada día y en cada clase. En vez de evaluarlos con exámenes, establecemos objetivos y reflexionamos sobre si estos han sido alcanzados, basándonos en el rendimiento del día a día del estudiante. Atendemos a cómo de bien han asimilado y entendido los conceptos, y a la capacidad de aplicar estos de diversas formas. También animamos a los niños y niñas a pensar y conversar sobre lo que han aprendido. De la misma forma, reflexionamos sobre nuestra forma de enseñar, los materiales que seleccionamos y, sobre todo, los contenidos contemplados en el temario.
Los alumnos y alumnas de primaria no aprenden conceptos en el vacío. Todo lo que se les enseña está relacionado con sus experiencias pasadas. Se usan todos los sentidos, aprovechando la creatividad individual de cada uno, y se relaciona lo aprendido con actividades de la vida real. Al final del trimestre, los estudiantes de Saint Andrew’s no se llevan notas de exámenes a sus casas. En vez de eso, se llevan autoestima, capacidad de razonamiento y una actitud positiva ante el aprendizaje.
A child is not a grade, a score, a level or a mark. In the same way, a child’s ability or potential is not fixed, and cannot always be measured.
Many education systems around the world appear to exist mainly to prepare children to pass tests and examinations.
Clearly, when a student is coming to the end of their secondary education, various stakeholders require information about their attainment at school. Parents, carers, future universities, employers and governments need to know what a student has achieved. In the main part, this information is shared by means of examination results and ‘marks’, although in recent years coursework, portfolios and other means of measuring achievement have gained ground.
In primary education testing and exams are also common, but are they necessary and may they even be damaging our children’s education? Instead of recording marks and grades achieved on tests, shouldn’t we be focusing on what children have learned, how they can apply it in the future and how it relates to the rest of the curriculum?
Testing necessarily segregates learning and is subject-specific, but via examinations, what credit does a child receive for applying something learned in mathematics to a design and technology project? Or for using their computing skills to provide a highly visual presentation of a poem written in a language class?
Also, a test merely tells us how a child performed at a certain moment in time, and only on aspects of learning which are measurable in this way. Exams provide a very limited picture of a child’s development and no test can reveal how a child has internalized knowledge or skills and is able to apply them. It goes without saying that the quality of the test, the conditions and the anxiety caused also affect results.
At Saint Andrew’s School, we do not ‘coach’ children to pass exams. Our pupils are encouraged to do their very best in every single lesson, every single day. We set targets, and we later reflect on whether those targets were met, but our reflection is based on each child’s continuous performance, not exams. We look at how well they have understood concepts and if they seem able to apply their knowledge in various ways. We also encourage children to think about what they have learned and to talk about it. At the same time, we reflect on our teaching, the materials we selected and, above all, we value every single aspect of the curriculum.
Primary-age children do not learn concepts in a vacuum. Everything we teach them is related to the learner’s previous experience, using all the senses, drawing on each individual’s creativity, and linked to real-life activities. So at the end of each term, Saint Andrew’s pupils do not take away a set of exam results. Instead, they take away self-esteem, higher-level thinking skills and a positive attitude to learning.