A los niños y las niñas de Saint Andrew’s School, les toca unos días de vacaciones justo
después del cambio de hora este año. Tendrán tiempo de adaptarse. Sin embargo, el
cambio puede afectar el sueño, el apetito y el estado de ánimo. Afortunadamente, hay
estrategias sencillas para que esta transición sea más fácil.
Ajusta el horario gradualmente
En lugar de cambiar la hora de dormir de golpe, comienza a atrasar la rutina unos 10-15
minutos por día durante los tres o cuatro días previos al cambio. Este pequeño ajuste
progresivo ayuda al cuerpo a adaptarse sin tanto impacto.
Mantén una rutina constante
Los niños se sienten seguros cuando su día sigue un patrón predecible. Conserva las
mismas rutinas antes de dormir: baño, pijama, cuento y luces apagadas. Esto le indica al
cuerpo que es hora de descansar, aunque el reloj marque una hora distinta.
Cuida la exposición a la luz
La luz natural regula nuestro reloj biológico. Aprovecha la luz del sol por la mañana
para ayudar al cuerpo a “entender” el nuevo horario, y evita pantallas brillantes (tablets,
televisión, móviles) al menos una hora antes de dormir, ya que interfieren con la
producción de melatonina.
Ajusta también las comidas
Los horarios de comida influyen en los ritmos internos. Intenta mover las comidas de
forma gradual junto con la hora de dormir para mantener la coherencia del nuevo
horario.
Sé paciente y flexible
Es normal que los primeros días haya más cansancio, irritabilidad o despertares
nocturnos. Dale tiempo a tu hijo o hija para adaptarse y evita sobrecargar su agenda.
Sobre todo, aprovecha esta oportunidad para reforzar buenos hábitos de sueño, que
beneficiarán a toda la familia durante todo el año.