El comienzo del año nuevo suele ser un momento en el que creamos una lista de propósitos y cambios que queremos realizar. Nuestros objetivos suelen implicar abstenernos o dejar de hacer algo. Sin embargo, el profesor Per Carlbring del departamento de psicología en la Universidad de Estocolmo ha sugerido que nos concentremos en objetivos positivos y en lugar de prometernos “dejar” de hacer algo, deberíamos planear lo que haremos.

Un ejemplo de un propósito de año nuevo es “No voy a comer más comida basura”. No solo es esto muy genérico (¿qué significa exactamente comida basura?), ambicioso (¿nunca más?), sino que además se enfoca en la parte negativa más que en la positiva. ¿Por qué no proponernos un objetivo más específico, alcanzable y positivo como “Voy a comer más verduras dos veces por semana”?

En Saint Andrew’s nos hemos propuesto objetivos alcanzables y realistas con marcos temporales establecidos, y hemos estado practicando esto de darle un giro positivo a nuestros propósitos.

Aquí tenemos algunos ejemplos de nuestros alumnos:

  • “Voy a dejar de pelearme con mi hermano pequeño”. Este alumno cambió su propósito a: “Voy a jugar con mi hermano pequeño al menos 1 hora al día”.
  • “Prometo dejar de jugar a juegos en mi tablet cuando debería estar haciendo matemáticas”. El nuevo propósito de este alumno es: “Voy a usar mi app de matemáticas durante diez minutos cada vez que encienda mi tablet, y mi recompensa será jugar a un juego después”.
  • “Voy a dejar de comer azúcar en mis meriendas” se transformo en: “Voy a comer una merienda saludable 4 días a la semana y después disfrutaré una los viernes que tenga azúcar”.

Los niños son positivos de forma natural, y responden mejor a las recompensas que a los castigos. Quizá como adultos deberíamos intentar hacer como ellos y concentrarnos más en lo que deberíamos hacer, en lugar de en lo que no deberíamos, con incentivos y recompensas como medida alternativa.

New Year’s Resolutions

The start of a new year is traditionally a time when we set goals and plan changes. Our goals often focus on abstaining from or giving up things. However, Professor Per Carlbring from the department of psychology at Stockholm University has suggested that we focus on positive goals and instead of promising ourselves ‘I’m not going to….’ we should plan what we will do.

An example of a typical resolution is ‘I’m not going to eat junk food any more.’ Not only is this too general (what exactly qualifies as junk food?), too ambitious (never again?) but it also focuses on the negative rather than the positive. Why not set a more specific, achievable and positive goal like ‘I´m going to eat green vegetables twice a week.’

At Saint Andrew’s we are encouraging each other to set achievable, realistic goals with time frames, and we have been practising applying a positive twist to our resolutions.

Here are some examples from our pupils:

  • I’m going to stop fighting with my little brother’. This pupil changed her resolution to: ‘Im going to play with my little brother for half an hour each day.’
  • ‘I promise to stop playing games on my tablet when I should be doing maths.’ This pupil’s new resolution is: ‘I’m going to use my maths application for ten minutes every time I turn on my tablet, and my reward will be to play a game afterwards.’
  • ‘I’m going to give up sugary snacks’ was transformed to ‘I’m going to eat a healthy snack 4 days a week and enjoy a sugary snack on Fridays.’

Children are naturally positive, and respond to rewards rather than punishments. Perhaps as adults we should try to take their lead and concentrate on what we should do rather than what we shouldn’t, with incentives and treats thrown in for good measure!